HISTÓRICAMENTE, las regiones
montañosas han sido territorios de difícil acceso y ello ha supuesto
un escollo para el desarrollo económico y social de estas zonas. Las
propias características orográficas de lugares como los Pirineos
suponían para sus habitantes vivir en un aislamiento obligado en la
mayoría de las ocasiones que impregnaba unos rasgos especiales al
carácter de estas gentes. A los problemas de comunicaciones con
otras regiones por la falta de infraestructuras óptimas hay que
sumar las dificultades de subsistencia en un entorno donde la
principal actividad económica era el sector primario: agricultura y
ganadería.
Esta situación, prolongada durante siglos, ha
cambiado en los últimos años con el impulso de nuevas
infraestructuras y comunicaciones. Algunas de ellas han comenzado a
ejecutarse tarde y lentamente pero no hay que obviar lo que han
supuesto para territorios como los Pirineos: primero, que las
regiones montañosas fueran más permeables y segundo, que ese mismo
fenómeno derivara en alternativas a la actividad económica que hasta
el momento ejercían los habitantes de estas regiones.
Uno de
los ejemplos de apuesta por el desarrollo es precisamente el eje
subpirenaico de la carretera N-260, una vía que repercutirá en la
mejora notable de las comunicaciones entre todas las regiones
pirenaicas y que, sumado a la futura autovía Pamplona-Huesca,
constituirá una red fundamental para la vertebración de estos
territorios y para la intercomunicación tanto entre las comarcas del
Pirineo oscense como para unir el Cantábrico con el
Mediterráneo.