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Células
invadidas por un virus, que necesita otro
organismo para reproducirse.
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EL PAÍS
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Madrid
Miércoles, 3 de abril de 2002
La definición de la vida ha sido un objetivo perseguido
con ahínco desde hace mucho tiempo. La mala noticia es que
este objetivo todavía está por alcanzar. La buena es que la
ciencia ya ha conseguido sistematizar la cuestión hasta
acercarse más que nunca a la solución del mayor misterio de
la existencia.
No se trata de saber cuál es el origen de la vida en la
Tierra, otro de los enigmas mayores de la historia, y mucho
menos de intentar condensar la cuestión en una sola frase,
sino de buscar su base, los pilares de la existencia.
Descartada una definición simple y corta de la vida, un
especialista ha intentado, a petición de la revista Science,
establecer una definición y le ha salido bastante larga.
Daniel E. Koshland, biólogo de la Universidad de California
en Berkeley y antiguo director de la revista, ha partido de
una insatisfactoria frase: 'La habilidad para reproducirse es
la cualidad esencial de la vida' para ir bastante más allá.
Dice Koshland que le gusta mucho más la frase 'un organismo
vivo es una unidad organizada que puede llevar a cabo
reacciones metabólicas, defenderse de los daños, responder a
los estímulos y tiene la capacidad de ser al menos un socio
en la reproducción', pero que cree que se puede avanzar más,
que se pueden definir los pilares fundamentales sobre los que
se asienta la vida, con lo que se refiere a los principios
esenciales físicos -termodinámicos y cinéticos- por los que
opera un sistema vivo. Sin embargo, aclara Koshland que se
refiere a la vida en la Tierra, ya que estos principios pueden
sustentarse sobre otros mecanismos además de los citados.
- Programa. El primer pilar de la vida está claro. Se
trata del programa, un plan organizado que describe los
ingredientes del sistema vivo y la interacción entre ellos a
lo largo del tiempo. En la vida terrestre, la base del
programa es el ADN, que codifica los genes y se replica de
generación en generación con pequeños cambios. Los genes
codifican los compuestos químicos -proteínas y péptidos-
sobre las que se basan las reacciones.
- Improvisación. Un ser vivo forma parte de un todo
mayor, sobre el que no tiene control. Por ello tiene que tener
algún modo de adaptarse a los cambios o, lo que es lo mismo,
de improvisar para sobrevivir. La forma de hacerlo en los
sistemas que conocemos es la mutación y la selección, lo que
permite optimizar los programas.
- Compartimentos. Todos los organismos vivos están
confinados, aislados mediante membranas u otras separaciones
que permiten que los ingredientes del sistema no se mezclen ni
resulten perjudicados por otros exteriores. Los organismos más
grandes se dividen en otros (las células o los órganos) para
centralizar o especializar las funciones del organismo. El
contenido es esencial para mantener la concentración de los
ingredientes, recuerda Koshland, la disposición interior del
organismo y proteger del exterior.
Mecanismos distintos de los vigentes en la Tierra
pueden sustentar la vida
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- Energía. 'La vida tal como la conocemos se compone de
movimiento -de las sustancias químicas, del cuerpo, de los
componentes del cuerpo- y un sistema con resultado neto de
movimiento no puede estar en equilibrio'. Esto quiere decir
que es un sistema abierto; aunque puede reciclar muchas veces
los suministros químicos, éstos originalmente vienen de
fuera, con lo que se requiere una fuente continua de energía.
Y aquí se llega a algo fundamental para la vida en la Tierra:
el Sol. 'La mayor fuente de energía en la biosfera terrestre
es el Sol -aunque la vida en la Tierra obtiene una pequeña
porción de energía de otras fuentes tales como el calor
interno de la Tierra- de forma que el sistema puede continuar
de forma indefinida reciclando inteligentemente sustancias químicas
siempre que disponga de la energía añadida del Sol para
compensar los cambios de entropía', señala Koshland.
- Regeneración. Las reacciones metabólicas características
de la vida dan lugar a pérdidas termodinámicas que deben
compensarse con un sistema de regeneración, relacionado con
el apartado anterior ya que necesita inyectar energía. Un
sistema vivo continuamente refuerza y reemplaza los
componentes que sufren degradación, como las proteínas del músculo
cardiaco, por ejemplo. La regeneración también es un medio
de lucha contra el envejecimiento, por ejemplo por medio del
nuevo comienzo: una célula que se divide en el caso de una
bacteria o un niño que nace en el caso del ser humano.
- Adaptabilidad. El sexto pilar no es lo mismo que la
improvisación, ya que ésta es un mecanismo para cambiar el
programa fundamental mientras que la adaptabilidad es una
respuesta de comportamiento que es parte de ese programa. Un
ejemplo de adaptabilidad es la reacción ante las quemaduras,
base de un mecanismo fundamental, la retroalimentación.
- Seclusión. Koshland explica que este pilar fundamental
de la vida es algo así como la privacidad en la vida social.
Impide que se mezclen reacciones metabólicas y el instrumento
es la especificidad de las enzimas que catalizan las
reacciones. 'Es como aislar un cable conductor eléctrico para
que no se cortocircuite al entrar en contacto con otro cable'.
No es absoluta, pero permite que miles de reacciones ocurran
con alta eficacia en los diminutos volúmenes de una célula
viva, al tiempo que recibe simultáneamente señales
selectivas que aseguran una respuesta apropiada a los cambios
medioambientales.
El autor de este interesante repaso a los pilares de la
existencia cree que los mecanismos existentes, desarrollados a
lo largo de miles de millones de años de evolución, no son
perfectos y que se podrían mejorar, siempre que se mantengan
los pilares. Respecto al ser humano se podría pensar en parar
el reloj evolutivo y conseguir personas que no mueran nunca o
cuyos órganos se adapten mejor en el curso de una vida.