Arquitecto Guim Costa
| Entrevistas
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Guim Costa (Barcelona, '67), arquitecto del
despacho Costaserra, ha seleccionado en Barcelona
1992-2004 (Gustavo Gili) el medio centenar de actuaciones
arquitectónicas o urbanísticas que ha considerado más
importantes de las realizadas en la ciudad durante este
período. La torre de Collserola, el CCCB,
la plaza dels Àngels, la rambla del Raval
o del Mar, la biblioteca de Gràcia o de la UPF, la
remodelación del mercat de la Boqueria o de Santa Caterina...
hasta llegar al polémico Plan 22@ o el Fórum
2004, pero sin olvidar discretas viviendas de promoción
pública. Las fotografías son de la también arquitecta Eva
Serrats, y las dos introducciones, que no tienen desperdicio,
del crítico de arquitectura William J.R. Curtis y del
catedrático de la UPC Josep Maria
Montaner.
¿Cuál ha sido el criterio para
seleccionar los edificios presentados en el libro?
Barcelona es una gran ciudad con mucha representación
arquitectónica, cada año se construye una gran variedad de
edificios de estilos y arquitectos muy diferentes. Cuando
recibí el encargo tuve que reflexionar sobre cómo valorar qué
es un buen edificio en Barcelona. Me marqué tres criterios a
tener en cuenta: la aportación de la obra a la apertura de la
ciudad al mar, su incorporación en el tejido urbano concreto y
finalmente cierto compromiso social en su planeamiento.
Considero que la apertura hacia el mar -fenómeno que se ha
llevado a cabo en los últimos 20 años, más o menos- es un
proyecto acertado de la ciudad como concepto, por eso estudié
qué edificios se relacionaban bien con el mar. Además, cuando
se construye un edificio, aprecio que provoque cambios
positivos en su entorno, que no tenga una actitud de atonía;
he valorado que los edificios hubieran creado una dinámica que
jugase en beneficio del entorno, que lo regeneraran y
multiplicaran su presencia, fueran edificios o espacios
urbanos.
¿La Plaça dels Àngels sería un ejemplo de
esto? Sí, también el CCCB
o la biblioteca de Gràcia; son edificios que por el solo hecho
de estar implantados en un lugar determinado han provocado que
el tejido y la ciudad en general salieran beneficiados.
¿A qué te refieres cuando afirmas que valoras el
compromiso social en un edificio? Aprecio la
arquitectura con cierto grado de implicación, que los
arquitectos, además de cumplir el programa funcional, tengan
cierto grado de compromiso, ya sea social, de experimentación
arquitectónica o tecnológica.
¿Cuál sería un buen
ejemplo de lo último? La Torre de Foster o el
aeropuerto...
¿Se podría definir de algún modo
general la arquitectura de la ciudad? Barcelona ha sido
una ciudad que a lo largo de la historia de los últimos dos
siglos ha crecido a base de grandes eventos. Desde las
Exposiciones Universales en 1888 y ’29, pasando por el
Congreso Eucarístico del año ’56 y hasta llegar finalmente a
los Juegos Olímpicos y ahora el Fórum
2004. De este modo, la ciudad ha ido formándose de manera
sincopada, pero sobre la base inicial del ensanche de Cerdà de
1860. El Plan Cerdà, con la unión de los diferentes municipios
que existían antes, significó la consolidación de la ciudad
contemporánea. Cada uno de los acontecimientos citados ha
supuesto un gran golpe para el urbanismo de la
ciudad.
¿Qué ha ocurrido del ’92 al ’04? Ha
sido un período postolímpico en el cual las inversiones
públicas han disminuido. La administración se ha esforzado en
hacer buena arquitectura pero con menos capacidad de
inversión. Ha habido una aportación muy clara del sector
privado, no siempre con éxito. Esto explica que gran parte de
las obras de la selección del libro sean de promoción pública
y que escaseen los privados. Concretamente, la última gran
obra de promoción privada que se ha hecho, Diagonal Mar, ha
sido un proyecto urbanístico dirigido por un interés privado y
muy poco controlado por la administración barcelonesa. Esto ha
provocado que se implantara por primera vez en la ciudad un
modelo inédito: un gran parque rodeado de rascacielos. Creo
que se ha roto con una tradición de coherencia en la evolución
del urbanismo de Barcelona. Es un proyecto con el que estoy
muy en desacuerdo. Si te fijas, cuando bajas por la Rabassada
y ves el skyline de Barcelona con las dos Torres olímpicas
-que se han consolidado y ya forman parte de nuestro paisaje
doméstico-, giras la vista hacia la izquierda y ves un montón
de rascacielos que son fruto de un aprovechamiento del suelo
muy diferente al habitual, con unas alturas muy diferentes y
un modo de actuar muy distinto al que estábamos
acostumbrados.
Además rompe con una parte de tu yo
arquitectónico que citas en la “Nota del editor”: “sentido
común frente a la estridencia singular”... Sí, pero
tampoco estoy en contra de las torres altas, no me parecen mal
si están pensadas y bien encajadas a partir de un modelo de
ciudad global. Si es fruto de una reflexión, todo puede ser
incorporado. Aquí el problema ha sido que se han vendido unos
terrenos concretos a un promotor concreto y que este, debido a
su convenio, ha podido hacer lo que ha hecho. Estoy a favor de
lo singular, pero no debe ser estridente. Las dos Torres de la
Vila Olímpica, sobre un plan general -no solo desde la Vila
Olímpica sino desde toda ciudad-, poco a poco se han
consolidado y se ha visto que fueron un acierto. Lo que es más
criticable es el hecho gratuito de apostar por las torres
altas y estar satisfecho con tener un promotor que lo pueda
pagar.
También se acaba con la tradición de
horizontalidad que había mantenido hasta ahora la
ciudad... El Plan Cerdà ha ayudado a que Barcelona
fuera una ciudad bastante horizontal. Barcelona es una de las
más densas del mundo por lo que implica a habitantes por
kilómetro cuadrado. Barcelona tiene 90 kilómetros cuadrados
enmarcados por el Besòs y el Llobregat, la montaña y el mar.
Esto ha provocado un modelo de crecimiento en una extensión
limitada sobre la trama Cerdà, que ya estaba pensada en una
altura baja pero muy densa.
En muchas ciudades del
mundo han aparecido edificios espectaculares de arquitectos
famosos que son el emblema de una multinacional... ¿esta ha
sido la manera en que la arquitectura ha entrado en la
globalización?¿En Barcelona también ha ocurrido
esto? Barcelona es un ciudad que goza de gran prestigio
entre los arquitectos de todo el mundo; muchos de ellos
ambicionan poder construir un edificio aquí. Entonces, el
interés de la administración por entrar en este mundo global
ha coincidido con el deseo de muchos arquitectos por trabajar
aquí. La forma de entrar en esta globalización de la
arquitectura han sido los convenios del ayuntamiento para
favorecer edificios emblemáticos y bien visibles en la ciudad.
El ejemplo más ilustrativo de esto es el fragmento de la
Diagonal que va des de la Plaça de les Glòries hasta el mar.
El arquitecto jefe dijo abiertamente que se buscaban
multinacionales que quisieran construir torres, porque se
quería una secuencia controlada de torres altas en esta parte
final de la Diagonal. Esta es la razón de los edificios de
Jean Nouvel, Dominique Perrault, Óscar Tusquets... aparte de
los de Diagonal Mar, que para mí tienen menos interés
arquitectónico.
Entonces, ¿el ayuntamiento ha
perdido poder? No, en este caso ha habido una voluntad
fruto de una reflexión. La incorporación de un edificio alto
cada tres manzanas tiene un motivo: necesitaban pautar la
Diagonal Nueva porque sino parecería eterna. ¿Cómo podían
conseguir eso si no disponían de dinero? Pues firmaron
acuerdos con multinacionales que querían establecerse en
Barcelona y les dieron la oportunidad de repartirse el techo
edificable en vertical, que ya permitía el plan general
metropolitano del año ’75. Esto lo encuentro, desde un punto
de vista de maqueta, pensado -al menos en oposición a lo que
se hizo en Diagonal Mar-. Además, se han conseguido unos
puntos singulares y atractivos: la torre Agbar y los hoteles
de Perrault o Tusquets. Me parecen una buena idea, dejando a
parte su configuración física final. En fin, esta ha sido la
forma de Barcelona de entrar en los círculos globales de la
arquitectura.
En oposición a estos inmensos
edificios, es sorprendente el pabellón Mies
van der Rohe, del ’ 29. Al fin y al cabo se trata de
cuatro paredes, pero continúa despertando la admiración de
mucha gente... Precisamente, en 2004 se cumplen 75 años
de su construcción, aunque luego lo desmontaron y lo volvieron
a montar. Es realmente digno de admiración que en ’29, cuando
se construían edificios neoclásicos, hubiera un arquitecto con
la osadía y el acierto de idear esa joya cúbica y, en cierta
manera, neoplástica. Más que un edificio es una escultura
arquitectónica. El juego de planos, el agua, la cubierta que
te lleva hacia una fuga que es la estatua... es un
divertimento arquitectónico.
Volviendo al Fórum, en
la presentación del libro, Josep Maria Montaner destacó el
Centro de Convenciones por encima del edificio Fórum. ¿Qué
opinas tú? Los vi hace tiempo, pero yo diría que el
edificio de Convenciones es muy correcto -sobretodo la parte
del polivalente-; cumple con los requisitos que se le pidieron
en el programa con cierto grado de apuesta por la arquitectura
contemporánea. En cambio, el edificio Fórum es como un
caracol. Tiene la carne del caracol: un auditorio con una
estructura que favorece la acústica y el multiuso del espacio;
pero luego se ha envuelto con un triángulo, que es la cáscara,
un espacio de encuentro, de relación. Podía haber sido
cuadrado o redondo... o sea, es un buen auditorio con un
vestido de fiesta. Hay quien dice que los acabados no son de
la calidad esperada, aunque yo no lo puedo certificar porque
no los he visto...
Acerca de los equipamientos
culturales, en la introducción de William J. R. Curtis aparece
esta cita de Lewis Mumford: “la principal función de la ciudad
es convertir el poder en forma, la energía en cultura, la
materia muerta en símbolos vivos del arte, y la reproducción
biológica en creatividad”. ¿Esto es sólo poesía o tiene
sustancia? Es una frase muy compleja que aglutina los
abundantes usos de una ciudad. Viene a decir que la ciudad,
desde que se creó con la polis de los griegos, es el lugar de
encuentro de los seres humanos y donde se vehicula su energía,
donde se reúnen y se crean unos flujos y unas energías que
permiten el progreso de la sociedad y de la cultura. En todo
este proceso tiene una importancia caudal, como ya la tenían
los patricios en la época de la polis griega, quienes
gobiernan la ciudad y la administración que la
gestiona.
En este sentido parece que un buen
arquitecto tiene que ser multidisciplinar, ser a la vez un
poco sociólogo, economista, diseñador, filósofo de la res
publica... El papel del arquitecto en la ciudad es
clave. Existen arquitectos con direcciones profesionales
diferentes, desde el arquitecto urbanista que solo se dedica a
la gestión y al diseño urbanístico a gran escala, hasta el que
diseña sillas para discotecas. En el mundo de la arquitectura
existe un abanico muy amplio. Pero, en todo caso, el
arquitecto es quien modela las formas de la ciudad por encargo
de la administración, por lo que tiene un gran papel sobre la
evolución de la ciudad, a veces incluso demasiado grande. Esto
impresiona porque realmente te hace dar cuenta de que, por una
parte, la arquitectura es arte, y, por la otra, técnica, una
mezcla bastante explosiva. Si un artista crea una obra que no
gusta a nadie se puede esconder en un despacho y que nadie la
vea. Pero las obras de los arquitectos y de los urbanistas se
traducen en una forma urbana y en una imagen ciudadana muy
presente, por eso tenemos un gran compromiso y responsabilidad
con la sociedad.
Buena parte de la selección del
libro son viviendas de promoción pública... He escogido
bastantes ejemplos de esta arquitectura porque es de admirar,
valoro la capacidad de mis colegas de llevar a cabo una
arquitectura con compromiso social, unos niveles
presupuestarios muy bajos y una voluntad de dignificar la
vivienda en ciertos sectores sociales desfavorecidos. Conozco
el caso concreto de las viviendas de la calle d’en Roig, de
Llinàs, porque trabajé con este arquitecto y seguí un poco
todo el proceso. Hubo un trabajo de convencer a la
administración, porque las regulaciones urbanísticas eran
unas, y él, por convicción, luchó para cambiarlas y romper un
poco el ritmo impuesto por el ayuntamiento. A veces los
urbanistas piensan en un ámbito global y no en una esquina
concreta. Entonces, a base de planos especiales y de reformas
urbanas consiguió implantar el edificio resultante. Así, por
ejemplo, consiguió ventilar mejor los edificios, romper la
homogeneidad de la calle y permitir la entrada del sol a
lugares donde antes no entraba. Quienes ahora viven ahí les
tocó por sorteo o por orden de lista y... vamos, son unos
pisos fantásticos donde vivir.
Joan
Pla i Vivoles :. Lunes, 26 de abril '04
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