

La ciudad es el mejor invento
humano
Entrevista a Horacio Capel
por equipo bifurcaciones
Horacio Capel es catedrático de
Geografía Humana de la Universidad de Barcelona. Ha sido
director de Geocrítica. Cuadernos Críticos de Geografía
Humana y secretario de la Revista de Geografía
. Ha realizado investigaciones sobre geografía urbana,
teoría, historia y sociología de la ciencia, y trabaja en la
actualidad sobre innovación tecnológica y desarrollo urbano en
la ciudad española contemporánea. Entre sus obras más destacadas
se encuentran La cosmópolis y la ciudad (Ediciones del
Serbal, 2003), La morfología de las ciudades I. Sociedad,
cultura y paisaje urbano (Ediciones del Serbal, 2002) y
Dibujar el mundo. Borges y la geografía del siglo XXI
(Ediciones del Serbal, 2001).
Esta entrevista se realizó en el marco
del VII Coloquio Internacional de Geocrítica, realizado en la
Pontificia Universidad Católica de Chile entre los días 24 y 27
de mayo de 2005. Nuestros agradecimientos a Rodrigo Hidalgo por
su valiosa ayuda en la preparación de la entrevista, y muy
especialmente al profesor Capel por el tiempo dedicado a
responder nuestras preguntas. |
1. Urbanismo y antiurbanismo en la ciudad
contemporánea
Equipo bifurcaciones (eb): En la planificación
urbana actual ha ido adquiriendo cada vez mayor protagonismo una
herramienta que quizás se ha utilizado desde siempre, pero que hoy posee
una racionalidad y una fuerza nuevas: hablamos del marketing urbano,
utilizado para atraer personas y recursos, y para promocionar y vender
las ciudades. Nos gustaría saber cuál es su opinión sobre este fenómeno,
uno de cuyos casos paradigmáticos es precisamente
Barcelona.
Horacio Capel (HC): Creo que
todo está bien si se hace bien. El que haya gobiernos que quieran
promocionar su ciudad y hacerla visible a escala mundial, no me parece
mal, pero todo depende de cómo se haga. En Barcelona, efectivamente creo
que se logró un éxito en este sentido; la manera en que Barcelona
se ha situado en el contexto mundial, la imagen que hoy se tiene de
ella, tienen que ver con decisiones que fueron acertadas: la gestión de
los juegos olímpicos, la gestión de problemas urbanos que se inicia en
los años ochenta, el trabajo realizado por un gobierno socialista con
apoyo comunista durante varios años, son cosas muy positivas.
Pero también hay otras cosas
que se pueden criticar: yo mismo he publicado un libro ahora, El
modelo de Barcelona. Un examen crítico 1,
donde cuestiono algunos aspectos de ese modelo. Por ejemplo, creo que
hay que hacer el urbanismo de manera diferente, no tanto desde los
técnicos y urbanistas, sino con mucha más participación de la población,
de los ciudadanos. Hay que tener más capacidad de diálogo. Creo que la
obsesión de la modernidad no debe llevar a destruir las señas de
identidad, como pasó por ejemplo con el Pueblo Nuevo en Barcelona, donde
la obsesión por crear un área nueva productiva en las nuevas tecnologías
ha llevado a arrasar un tejido industrial que tenía interés. El
empecinarse en que los técnicos –arquitectos e ingenieros- y políticos
siempre tienen la razón me parece negativo, lo que debe llevarnos a
pensar en nuevas formas de hacer el urbanismo.
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500.000 personas se dan cita el 16 de marzo en
Barcelona para marchar contra la
globalización |
Inmigrantes en la ciudad
multicultural |
e.b. Esto es interesante, porque uno
de los elementos que más destacan los promotores de este “nuevo
urbanismo” es que ellos han dejado atrás la arrogancia de los viejos
planificadores urbanos, que con un plumón sobre el papel dibujaban y
organizaban las ciudades como si fueran semidioses. ¿No constituye este
voluntarismo y ausencia de participación que Ud. señala el mismo pecado
de la planificación racionalista?
H.C. Efectivamente: durante
los años ochenta hubo un debate contra el planeamiento, contra el plan,
y se postulaba que la idea que los planes generales de renovación
urbana, tan ambiciosos, no tenían sentido, y que había que poner énfasis
en los hechos concretos y en la gestión. Pero eso también se cuestiona
hoy: ¿cómo vamos a gestionar parcelas concretas de la ciudad, si no
sabemos hacia dónde queremos ir?
El tema de la participación, por otra parte,
es muy hablado, pero no se traduce en participación efectiva; por el
contrario, hay mucha desconfianza frente a los movimientos vecinales. En
España, por ejemplo, fue la presión vecinal la que permitió que muchas
ciudades se modificaran, pero cuando llegaron las elecciones políticas
se dijo que ya no había que negociar con asociaciones que no eran tan
representativas como los políticos electos. Hay políticos y técnicos que
se niegan a escuchar una crítica, lo que es asombroso. Todo eso puede
llevar a actitudes arrogantes por parte del poder, y yo creo que los
ciudadanos debemos enfrentarnos. Los gobiernos tienen que gobernar,
porque para eso han sido elegidos, pero deben también negociar, deben
escuchar reclamaciones que muchas veces son sensatas.
Por ejemplo, en el Pueblo Nuevo están
empecinados en destruir un tejido industrial del siglo XIX, que tiene un
interés arquitectónico muy grande, e industrias que están todavía
actuando, y pequeños talleres. No puede ser que se haga una ciudad igual
a todas las norteamericanas, y que se destruya un tejido importante de
la identidad.
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El World Trade Center de
Barcelona |
Sanhattan y el World
Trade Center de Santiago |
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“No puede ser que se
haga una ciudad igual a todas las norteamericanas, y que se
destruya un tejido importante de la
identidad” |
vuelve al
comienzo
e.b. A pesar de la retórica
tradicional, inclinada a la ciudad compacta, sobre todo en el ámbito
europeo, la evidencia empírica muestra que el urbanismo actual ha
favorecido de manera importante la ciudad extendida, a través de –por
ejemplo- los grandes proyectos inmobiliarios suburbanos. ¿En qué medida
esto es producto de la imbricación entre un nuevo modelo de gestión y
desarrollo urbano, y cierto espíritu “antiurbano” presente hoy en las
grandes ciudades?
H.C. En España, al igual
que en Estados Unidos y América Latina, ha habido un aumento
extraordinario de proyectos suburbanos
compuestos por casitas unifamiliares. El precio de vivienda en la
ciudad es prohibitivo: las familias jóvenes no encuentran sitio en la
ciudad, y deben irse a la periferia, a municipios rurales que están a 50
kilómetros de distancia. Y lo hacen, además, por la “ideología
clorofila”: la naturaleza, los pajaritos, el contacto con la
naturaleza... y uno les puede decir, “¡desgraciados, los pájaros y la
naturaleza, y tú con dos coches pidiendo que hagan más autopistas porque
si no te atrancas en la naturaleza!”, y eso es una contradicción
(risas ). Pero por otra parte están los promotores: la oferta
más barata esta ahí, porque los promotores encuentran más facilidades
para negociar con pequeños ayuntamientos que con otros más grandes. Las
estrategias de los pequeños constructores lleva entonces a que la
vivienda nueva se dé fuera de la ciudad.
e.b. Entonces, más que de un sentimiento
antiurbano, estaríamos en presencia de ciudadanos compelidos a
abandonar las ciudades por cuestiones mercantiles.
H.C. Sí. Dentro de la
ciudad hay mucha gente que critica a la ciudad. Hay una fuerte tradición
de crítica que yo recorrí en el artículo “Gritos amargos contra la ciudad”: la ciudad es lo
maldito, el cáncer, la prisión. Yo le pregunté a un profesor de la
Universidad a la Distancia, que repetía ese discurso, que por qué no se
iba de la ciudad, dado que podía hacerlo, y me dijo que no, que se
fueran los otros, que él estaba bien ahí (risas ).
Es decir, esa tradición de rechazo a la
ciudad es una visión intelectual, pero no va en serio. Los que se van
afuera no es que sean antiurbanos; es porque no encuentran viviendas a
un precio asequible. Claro, además están en contacto con la naturaleza,
y todo eso que se relaciona con las estrategias de marketing de
los promotores para vender esas parcelas. Sin duda esto tiene ventajas,
pero también inconvenientes. Yo estoy absolutamente en contra de ello,
porque contribuye a aumentar el coste social de la urbanización. Hay
toda una ideología muy individualista, muy aislacionista, de irse a la
naturaleza sin tomar en cuenta el costo social y económico de esa
urbanización, para vivir de modo muy atomizado... y la tradición de la
ciudad compacta, donde uno puede bajar a utilizar un equipamiento,
hablar más fácilmente, andar de noche, volver en taxi sin prever qué
hacer, todo eso tiene una ventaja considerable. Creo que muchos de los
que se van quieren vivir en la ciudad, pero no pueden.
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Chicureo, urbanización suburbana de Santiago |
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“Hay toda una ideología
muy individualista, de irse a la naturaleza para vivir de modo muy
atomizado... y la tradición de la ciudad compacta, donde uno puede
hablar más fácilmente, andar de noche, todo eso tiene una ventaja
considerable” |
e.b. En “Gritos amargos contra la ciudad” Ud. hace un
recorrido breve pero muy preciso de distintas variantes del discurso
antiurbano: de Grecia a Roma, el cristianismo, el romanticismo… ¿Cree
Ud. que sea posible hablar hoy de una crítica antiurbana más propiamente
latinoamericana?
H.C. Han pasado tantos años
que ya se ha generado una tradición latinoamericana propia, que es medio
complejo de inferioridad, medio crítica de todo, un maximalismo que
quiere vivir bien, como millonario norteamericano... sumado a un
desconocimiento de la propia evolución histórica, de lo que ha sido el
pasado y de las ventajas que desde entonces se han obtenido. O sea, es
una mezcla muy curiosa, una aceptación acrítica a este concepto
elaborado fuera.
En Buenos Aires,
en Santiago,
en San Pablo, hay estudiantes universitarios que me dicen “es que somos
países subdesarrollados”... ¡pero cómo! San Pablo es una de las ciudades
mas dinámicas del mundo, Buenos Aires una de las más bellas... “No, es
que hay mucha pobreza”, me dicen. Bueno, ¿pero es que no hay pobreza en
los Estados Unidos? Existe un mecanismo que lleva a aceptar estereotipos
acuñados afuera, que impiden ver la realidad. Ahora están con eso de las
clases subalternas, y conceptos elaborados por sociólogos y antropólogos
ingleses en la India, y lo están aplicando a Chile o a Colombia... ¿Es
que han perdido la cabeza? ¿Qué tiene que ver India con Colombia o con
Chile? Chile se constituyó como país independiente antes que Alemania,
antes que Italia... ¿de qué me están hablando entonces? Falta muchas
veces sentido común
e.b. Pero ocupando una distinción
suya, en este caso estaríamos en presencia de una crítica a la sociedad
más que a la ciudad misma...
H.C. Claro, a veces lo que
se critica es la sociedad, y no cosas propiamente de la ciudad. Yo soy
de los que siguen pensando que el futuro es la ciudad universal, todo
urbanizado... La ciudad es donde los pobres han dejado de ser pobres,
donde ha habido posibilidad de ascenso social, donde ha surgido toda la
innovación. La ciudad es el mejor invento humano, y estas críticas a la
ciudad son críticas a la sociedad. “Nunca ha habido tanto analfabeto
como en la ciudad”, se dice por ahí... ¡pero qué me dicen, si en la
ciudad es donde la gente se ha educado, donde está la ciencia, la
cultura! Creo que falta sentido común y perspectiva histórica; esa
visión catastrofista que existe hoy, desde luego que no la comparto.
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Dos ejemplos de
planetas con superficies integramente urbanas: Trántor (a la
izquierda, Fuente), capital del Imperio Galáctico en el
ciclo de novelas de Isaac Asimov; y Coruscant (a la derecha, Fuente), capital de la República Galáctica, en
el universo de La Guerra de las Galaxias. |
“A
veces lo que se critica es la sociedad, y no cosas propiamente de
la ciudad. Yo soy de los que siguen pensando que el futuro es la
ciudad universal” |
2. Aedes facere , los
edificios y la ciudad
e.b. Ud. trae ahora
a Chile el segundo tomo de Morfología de las ciudades 2. ¿De qué
manera este libro continúa el trabajo de la primera parte?
H.C. El primero es sobre el
plano y la evolución histórica de las ciudades, y el segundo se llama
Aedes facere: técnica, cultura y clase social en la construcción de
edificios . La raíz de facere es “hacer”, y a edes
son templos, casas... bueno, es la raíz de “edificar”. El libro
trata sobre los edificios: estudio la vivienda y los edificios
institucionales de control social, los centros educativos, los
hospitales, los cuarteles, las oficinas, los centros comerciales,
instituciones, etc.
vuelve al
comienzo
e.b. Y esas transformaciones
materiales, ¿cómo van influyendo en el modo de hacer ciudad? ¿Cómo
interactúa la forma física de los edificios con el escenario que es la
ciudad?
H.C. Los edificios aparecen
cuando necesidades y funciones nuevas los van necesitando. Cuando
aparece la máquina de vapor, ésta impone exigencias. Cuando aparece la
electricidad, aparecen también nuevas necesidades técnicas. La evolución
social y económica impone nuevos edificios. Y todo eso que se construye
acaba afectando el comportamiento social, como por ejemplo las oficinas:
primero no existían, luego eran despachos, y ahora son espacios cada vez
menos densos porque las actividades están deslocalizadas. Y hoy en día,
la manera como las oficinas están diseñadas es distinta a como era hace
diez años, y el comportamiento en ellas es distinto. Hay una interacción
entre el marco físico y la manera como las personas actúan, y eso
requiere de investigación. No es tan simple como los arquitectos
piensan, en términos de que el marco determina el comportamiento... eso
puede ser, pero hasta cierto punto; necesitamos otro tipo de
investigaciones para saber cómo esto afecta, investigaciones donde se
consideren las tradiciones culturales. Dónde pongo la mesa, dónde pongo
la silla... el cómo organiza un chino o un japonés su habitación difiere
mucho de cómo las organizamos nosotros.
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El primer tomo
de "Morfología de las ciudades" |
e.b. En nuestro
primer número publicamos un artículo de Richard Sennett, “Planta ortogonal y
ética protestante”, donde se discute algo similar pero a nivel de
ciudad.
H.C. Ese artículo yo lo cito
mucho, me parece interesante, pero también tiene cosas... Hay muchas
cosas que Sennett asocia a la ética protestante, pero que también
ocurren aquí, y en otras partes; él escribe desde una perspectiva muy
sugestiva, pero sin una buena base histórica. Creo que carece de una
perspectiva comparativa.
Algo similar, en todo caso, está pasando
ahora con la geografía, en términos de que ya no se estudia historia, lo
cual es muy grave. Lo mismo sucede con los antropólogos: son un peligro
público, porque son muy imaginativos pero en general no tienen formación
histórica; entonces, dicen cosas verdaderamente asombrosas. Un sociólogo
que no sepa historia es también un peligro público. Una buena base
histórica para estudiar los problemas actuales es indispensable, para
estudiar el territorio y la ciudad sabiendo cómo fueron antes, qué es
nuevo y qué es viejo.
e.b. Desde el momento en que Ud.
comenzó su trabajo en Geocrítica hasta el presente, ¿qué evolución han
tenido las grandes preocupaciones e intereses de los investigadores de
los temas urbanos?
H.C. Bueno, el mundo ha
cambiado mucho desde el año 72 hasta ahora. Ya no está la Unión
Soviética, y el marxismo está hoy ampliamente cuestionado e impugnado,
lo que no me parece que signifique que no sea una vía de análisis y
discusión. Hay pensadores como David Harvey de gran validez, que están
sistemáticamente siguiendo esa línea de profundización. En Brasil
también hay investigadores que siguen la línea de Lefebvre para hacer
investigación de análisis urbano. Pero el escenario no es el mismo. El
tema económico también se ha transformado: la crisis del año 73 afectó
de forma muy importante el sistema económico y capitalista, y se dejaron
de utilizar conceptos como “postfordismo”, “sociedad postindustrial” o
“países subdesarrollados”.
La ciencia ha cambiado también. Si en el año
70 existía ese debate de la geografía cuantitativa, tan prestigiosa en
el mundo anglosajón, lo que hay ahora es el resultado del debate que
allí existió, y la aparición de la geografía radical y humanista, que en
definitiva tiene que ver con la postmodernidad –que es un
cuestionamiento de concepciones abstractas y neopositivistas-, la
aceptación del “sentido del lugar” y del valor de la historia, la
reaparición de cosas que habían sido cuestionadas en la era
neopositivista... Más recientemente, después del 11 de septiembre, son
muchas las cuestiones nuevas que aparecen: el sentimiento de
inseguridad, el terrorismo como problema relevante, etc
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Huyendo del terrorismo: ataque a las torres
gemelas |
En este contexto, lo más importante es que
los jóvenes mantengan la mente abierta y reflexionen sobre alternativas
posibles. Para ello necesitamos toda la tradición acumulada, y además
ideas nuevas, que han de venir de los jóvenes. Es evidente que el
sistema dominante hoy en el mundo ha generado un bienestar muy
importante, pero también tiene consecuencias relacionadas, por ejemplo,
con la desigualdad económica y grupos sociales empobrecidos; ha sido
capaz de generar innovación y riqueza, pero ha sido incapaz de
distribuirla a escala mundial. Entonces, tenemos que pensar en
alternativas.
Con todo, la ciudad que existe hoy creo que
está mejor que la ciudad antigua. Sin ir más lejos, Santiago de Chile
es una ciudad que ha logrado cosas verdaderamente espectaculares.
Pero hay otras que hay que cambiar, y para eso no hay que pensar sólo en
parches y pequeñas transformaciones, sino también en modificaciones
radicales. Y esa es una tarea que los jóvenes tienen; por ahí es donde
tenemos que estar con la mente muy abierta, buscando formas nuevas de
organizar la sociedad, sin provocar rupturas que fueran de un costo
social tan elevado que desequilibren el sistema, porque los sistemas
sociales son muy frágiles.
Lo que ha pasado en la URSS lo ha demostrado.
Lo que parecía muy sólido se desmoronó muy rápido. Entonces, yo creo que
debiéramos ser capaces de hacer las transformaciones profundas que se
necesitan para asegurar –con el nivel de capacidad y de producción y
tecnología que tenemos- una distribución de los recursos. Y para eso
necesitamos imaginar formas nuevas de organización social.
vuelve al
comienzo
e.b. Y frente a estos cambios, ¿qué
importancia le otorga Ud. a la geografía, junto con las otras ciencias
sociales?
H.C. Todas las ciencias
sociales son necesarias: podría decirse que si no existieran habría que
inventarlas. Todas ellas tienen una gran tradición y riqueza que hay que
aprovechar. Ahora bien, hay cosas que las disciplinas existentes no
pueden abordar; hay que crear entonces nuevas disciplinas y reformular
las existentes.
La sociedad va cambiando, las ciencias no son
algo que estén desde el comienzo de la historia prefiguradas en la
divinidad, se van creando históricamente. Así, la geografía de hoy tiene
poco que ver con la de antes, pero su tradición es riquísima, y eso no
se puede tirar por la borda. Pero además hay problemas nuevas que
requieren nuevos enfoques y nuevas disciplinas, que ya se están creando
delante de nosotros, que se van a estructurar y serán disciplinas
científicas en el futuro. Debemos tener entonces la capacidad de
aprovechar aquello en lo que uno se ha formado. Si uno es geógrafo, hay
que sacar partido de lo que la geografía ha hecho, y en segundo lugar,
aprovechar, como decía antes, el “sentido del problema”. Hay que saber
qué es lo que a uno le interesa, y por qué eso es relevante y vale la
pena estudiarlo. Porque la geografía sirve mientras sirva. Si sirve,
bien, pero si no sirve habrá que inventar otra cosa. Pero que no se diga
que no sirve por ignorancia, porque no se conoce lo que ha hecho.
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El filófofo Inmanuel Kant fue el primero en
dictar un curso universitario de Geografía en Alemania. Se dice de
él, sin embargo, que nunca habría salido de la provincia de
Königsberg. |
“La geografía sirve mientras
sirva. Si sirve, bien, pero si no sirve habrá que inventar otra
cosa. Pero que no se diga que no sirve por ignorancia, porque no
se conoce lo que ha hecho” |
3. Geocrítica y la labor
editorial
e.b. ¿Como nació
Geocrítica? ¿En qué contexto y bajo qué motivaciones?
H.C. A finales de los
setenta dominaba la geografía de la concepción regional, muy influida
por la escuela francesa, y por aquellos años estaba llegando a España la
geografía cuantitativa. Al mismo tiempo, llegaban los ecos de la
geografía radical, que cuestionaba a esa geografía cuantitativa. Era una
situación bastante confusa; en España, además, había un florecimiento
importante del marxismo. En definitiva, era una situación donde había
cierta confusión en la geografía por la llegada de dos revoluciones
simultáneamente.
Geocrítica trataba de abrir
perspectivas de debate, donde voces nuevas pudieran incorporarse a la
geografía española. Lo más importante era el carácter crítico, de ahí su
nombre. La revista intentaba abrir cauce para un pensamiento renovador
en el campo de la geografía. Se trataba de dar cabida a nuevas ideas, y
de tener un canal de difusión a los trabajos que nosotros mismos íbamos
haciendo. Hicimos 100 números, y luego decidimos liquidarla.
e.b. ¿Cómo fue recibida esta
iniciativa?
H.C. Muy bien. Entre los
jóvenes el apoyo fue entusiasta, aunque entre los mayores hubo intentos
de desvalorarlo. En realidad, el primer número, que escribí con bastante
cuidado, molestó a algunas personas. No creo que ahora deba arrepentirme
de nada de lo yo que escribí ahí, porque no creo que hiciera una
desvalorización excesiva de nadie. Entre la gente joven, en cambio, hubo
muy buena recepción, porque había necesidad de nuevas ideas. Llegamos a
tener como 600 subscripciones, lo que es mucho. Luego los sistemas de
comercialización y distribución de la Universidad no funcionaron, y
decidí cerrarlo.
e.b. Pero después del número 100 la
revista pasa a ser publicada en formato electrónico...
H.C. No. La idea era seguir
en papel, pero editada por una editorial. Había mucho problema en el
mundo editorial: la lucha por el espacio en las librerías, la
distribución... Yo estaba un poco harto de la Universidad, porque casi
cada número lo tuve que negociar. Habíamos publicado 100 números y había
muchas cosas que no funcionaban bien, especialmente la comercialización.
Entonces me pareció que podía continuarlo con otro mecanismo de
distribución que nos diera mayor difusión.
Mientras tanto, ya estaba empezando Internet.
Dos o tres amigos me hablaron de esta cuestión, así que pensamos abrir
la página de Geocrítica en Internet, en principio, para darle
difusión a las cosas que ya teníamos en papel. La primera idea era
escanear los números de Geocrítica, ponerlos ahí a disposición de la
gente, y luego crear algo que tuviera que ver con la difusión de lo que
se hacía en la Universidad con la educación primaria y secundaria.
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Portada de Herodoto,
revista de geografía crítica muy influyente en la época en que
nació Geocrítica |
Lo que vino después fue la serie Scripta
Vetera , porque se me ocurrió que valía la pena escanear y
difundir textos que ya estaban publicados en sitios diversos, y de los
que nosotros teníamos el copyright . Y ahí se me ocurrió
también hacer una nueva serie, Scripta Nova
, para darle difusión a los textos nuevos en los que estábamos
trabajando. Con el tiempo me di cuenta que aquello era muy interesante,
tenía una difusión mayor y nos ahorrábamos todos los problemas de
distribución. Y como no teníamos ningún interés económico, porque ya
todo lo hacíamos gratis, porque forma parte de nuestra tarea académica,
eso se fue llenando de contenido y se convirtió en la continuación de
Geocrítica.
e.b. Geocrítica-Scripta Nova se ha
transformado en una referencia importante para el mundo hispano, pero
¿tienen datos de acceso desde el mundo angloparlante?
H.C. No lo sabemos bien,
pero creo que en general va mal, porque los ingleses y norteamericanos
tienen ese criterio de citar sólo en inglés. Cosa a la que yo me opongo,
porque creo que nosotros tenemos que leer y seguir lo que hacen ellos,
pero debemos exigir reciprocidad. Escribí un artículo sobre eso, se
llama “Libelo contra el inglés”. Yo creo que no podemos
admitir esa actitud de ellos; mucho menos, que se evalúen las
publicaciones científicas por sus citas en inglés. Ellos pueden tener
sus sistemas de evaluación, pero nosotros tenemos que tener también las
nuestras... De mi trabajo, creo que lo que mas ha sido citado ha sido
algo que escribí en inglés. Ellos tiene mucha menos sensibilidad a lo
que se publica en otra lengua, lo que me preocupa. Nosotros tenemos que
entendernos, todo el mundo iberoamericano, y el portugués también. Y esa
es la red que tenemos que reforzar.
e.b. Este intento por hacer un
proyecto en la lengua hispana, ¿se ve acompañado por levantar temáticas
propias?
H.C. Nosotros vamos
publicando lo que va llegando. Ha pasado en Scripta Nova , al
igual que como pasó antes en Geocrítica , que se publicaba lo
que se tenía; en estos momentos nosotros recibimos una cantidad enorme
de artículos. Lo que llega se lee primero por el comité de redacción. Si
nos parece interesante lo que dicen, se envía el material a dos
evaluadores externos para ser publicado. Y así y todo tenemos ya
asegurados por completo los números hasta el mes de septiembre. Y en
evaluación, cantidad suficiente hasta diciembre.
e.b. Por la cantidad y variedad de
trabajos que reciben y publican, cuesta entender que Geocrítica siga
replicando una visión monocorde de la geografía...
H.C. Hoy nosotros queremos
estar abiertos a visiones diferentes, y a publicar trabajos de calidad,
académicamente correctos, aunque expresen puntos de vista distintos.
e.b. Entonces, esta idea de
Geocrítica como una crítica a la geografía dominante ya no tiene tanta
vigencia como antes...
H.C. Si podemos, lo hacemos
también. Pero creo que estamos en una situación más “normal”. La
prioridad debiera ser un trabajo bien hecho, bien planteado, y que los
miembros de la comunidad científica, reconozcan que son trabajos que
contribuyen al bagaje común, que es una aportación de cierto interés. Lo
que no significa que no valoremos las críticas y aperturas en nuevas
direcciones... no solamente críticas, sino también nuevos temas.