El Mediterráneo

Luis Racionero
 

 


La estepa y lo poblado, el páramo y lo sembrado, lo yermo y lo fértil, el sentido clásico del espacio restringido en el momento presente, contra el sentimiento moderno de infinitud y eternidad, separan el Mediterráneo y sus gentes de los nómadas —los griegos los llamaban bárbaros— del norte y del sur. El Mediterráneo es el símbolo de lo limitado, su espacio y lo que sucedió en él se ha convertido en un arquetipo, y por eso hablamos de él como si fuese un ser, una entidad con personalidad definida.

¿Cuál es la entidad, esencia o personalidad que permiten referimos al Mediterráneo como algo complejo pero uno?; su unidad está en el mar que reúne las tierras circundantes, en esas costas que se parecen y en sus genles que aún se parecen más. Es un mar interior, entre tierras, en medio de Asia, África y Europa; está, además, en medio del mundo, en el paralelo 42, franja mediana templada del hemisferio norte. Antaño se creía que por estas latitudes estaba el centro del mundo, pero la opinión periclitó al descubrirse América y China. Estamos en medio de la tierra por latitud y por continentes, tres continentes cuyo contenido es el Mediterráneo, en él se vuelcan sus ríos y sus culturas, y todo eso el Mediterráneo lo ventila por el estrecho de Gibraltar, de donde recibe aguas puras del océano inmenso.

Las temperaturas son uniformes, como corresponde a la latitud de 42 grados norte, y no son extremas: ni glaciales ni tórridas, o sea O grados, ni frío ni calor. Con ese clima, la vida no exige el excedente de trabajo que realizan los nórdicos para calentar sus países inhóspitos, ni el excedente de ocio que pagan los habitantes de los desiertos del sur por convivir con el sol y las arenas. Es un lugar donde con unas pasas, unas almendras, una hogaza y un celemín se vive, o sea, se habla, se pasea, se trabaja un rato, se contempla la puesta de sol debajo de una parra tomando un vino del año. Los vientos son tan importantes como el agua, pues sin ellos ésta no se navega, a no ser en trirremes esclavistas. La rosa de los vientos es común en todo el mar, tanto que aquí se llama gregal al noreste que, lógicamente, no viene de Grecia, pero sí en Sicilia. El siroco se traduce por garbí porque, como aquél, viene del Algarve.

Hay una lengua franca entre marineros, una koiné que se habla en los puertos y que permite a cualquier pescador informarse sobre corrientes y vientos con unas cuantas palabras de paso entre sus colegas de cualquier puerto. ¿Será verdad o es otra exageración de pescadores en días de ocio, que son muchos?

La cuenca la delimitan las aguas, todo lo que vierte hacia el sur en Europa, al norte en África, y al oeste en Asia es terreno mediterráneo, pero no todo él lo es plenamente: el Ródano nace en Ginebra, que no es una ciudad mediterránea precisamente. En Francia, el Mediterráneo acaba a la altura de Orange y no pasa de Valence. ¿Cómo se delimita? Al sur es fácil, la franja costera fértil, el secano y luego el Sahara, el desierto es la frontera sur; al este las montañas que angostan la costa con su frontera. Al norte tengo tres variables para delimitar la zona de influencia del Mediterráneo: la comida, el cultivo y la construcción. Donde se bebe vino, se fríe con aceite y se condimenta con ajo, las tres cosas simultáneamente, es Mediterráneo. El cultivo del olivar, el viñedo, la presencia del ciprés es otro índice. La construcción con teja moruna curvada y la casa tipo masía provenzal, catalana o toscana, son síntomas inequívocos, junto con la inclinación de los tejados. Otro lo es la mesa de café en la acera y las sillas en la calle del pueblo.

El tipo humano es pequeño, enjuto, moreno, afilado, en lo físico; vivaz, curioso, ágil, astuto, aventurero, sociable, rencoroso, tribal, en lo social. Le gusta enterarse de todo, meterse donde no le llaman y tomar vela en cada entierro. Además, mamá es sagrada, pero de eso no hablaré; la antropología está muy revuelta y mezclada, no podía ser de otro modo, después de milenios ocupado y recorrido por ligu-res, sardos, egipcios, tartesios, minoicos, iberos, fenicios, judíos, celtas, arios, dorios, romanos, visigodos, bereberes y húngaros.
Tomando la civilización mediterránea como un todo emergen en ella el monoteísmo judío, el arte griego y el derecho romano. De estas tres creaciones ha vivido Europa, y de la ciencia inventada por los italianos del Renacimiento. En religión, el Mediterráneo ha dado el monoteísmo, iniciado por Ajnatón y divulgado por Moisés hasta trifurcarse en tres modalidades: judaismo, cristianismo e islam, que se pelean por las formas sin percatarse que combaten por el mismo Dios. En política inventó la democracia y la polis o ciudad-estado. En arte inventó el realismo de la escultura griega y la pintura italiana. En filosofía inventó la razón, es decir el método de pensar por silogismos, inducción y deducción. Todo esto aparece en el Mediterráneo y se queda en él hasta que, en el siglo xvi, el Renacimiento italiano se difunde hacia el norte, y sólo entonces los franceses del norte, ingleses, alemanes y más tarde suecos y rusos, reciben in situ la cultura mediterránea y con ello se consolida la hegemonía europea en todo el mundo.

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