Literatura en la Mediterrania
 



Charles Baudelaire (Francia, 1821-1867)

El puerto
" Un puerto es morada agradable para un alma fatigada de las luchas de la vida. La amplitud del cielo, la arquitectura móvil de las nubes, el colorido cambiante del mar, el centelleo de los faros, son un prisma adecuado y sorprendente para distraer los ojos sin agotarlos jamás. Las formas esbeltas de los navíos de aparejo complicado, a los que la marejada imprime oscilaciones armoniosas, sirven para conservar en el alma el gusto del ritmo y de la belleza. Y además, sobre todo, hay una suerte de placer misterioso y aristocrático para el que ya no tiene curiosidad ni ambición, en admirar, tumbado en la azotea o apoyado de codos en el muelle, todos los movimientos de los que se van y de los que regresan, de los que poseen aún fuerza para querer, deseo de viajar o de enriquecerse. "


Albert Camus (Francia, 1913-1960)

Bodas en Tipasa (fragmento)
" En los misterios de Eleusis, bastaba contemplar. Aquí mismo, sé que nunca me aproximaré suficientemente al mundo. Necesito estar desnudo y hundirme luego en el mar, perfumado todavía por las esencias de la tierra, lavarlas en él y atar sobre mi piel el abrazo por el cual suspiran, labio a labio, desde hace tiempo, la tierra y el mar. Inmerso en el agua, sobrevienen el escalofrío, la subienda de una liga fría y opaca; la zambullida, luego, con el zumbido de los oídos, la nariz manante y la boca amarga –nadar: sacar del mar los brazos barnizados de agua para que se doren al sol y sumirlos de nuevo en una torsión de todos los músculos; el curso del agua sobre mi cuerpo, esa tumultuosa posesión de la onda por mis piernas– y la ausencia de horizonte"

La peste (fragmento)
" La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra?.


Andree Chedid (Egipto, 1920)

Enigma I
(Fragmento)
En el espanto o el ardor
Creamos obras
Labramos senderos
Inventamos fábulas
Gravamos máximas
Prescribimos dogmas
Engendramos mentiras o verdades

Mareas II
" En marea alta
Ejecutando
Sus escalas
De gris o de calma
El océano versátil
Se une al litoral

Testigos de estas maniobras
Las casas recuerdan
Marinos ahogados

Un niño llora
Su fortaleza de arena

Y para aquel que pasa
Según la hora
Según el alma
La ensenada lleva a las riberas
O devela lo desconocido "


Mohamed Choukri (Marruecos, 1935-2003)

El pan desnudo (fragmento)
" Como otros creyeron en la
existencia de la Atlántida, yo creo en la existencia de Tánger. En esta ciudad el hada tenía una varita que se llamaba Osadía. "

Assia Djebar (Argelia, 1936)

Los cuatro idiomas femeninos (fragmento)
" Las jovencitas de mi época -poco antes de que la tierra natal se liberara del yugo de la colonia-, mientras que el hombre sigue teniendo derecho a cuatro esposas legítimas, contamos con cuatro idiomas para expresar nuestros deseos, antes de jadear: el francés para la escritura secreta, el árabe para nuestros sofocados suspiros hacia Dios, el líbico berebere cuando imaginamos volver a encontrar a nuestros ancestrales ídolos maternos. El cuarto idioma, para todas, jóvenes o viejas, prisioneras o semiemancipadas, sigue siendo el del cuerpo, que la mirada de los vecinos, de los primos, pretende hacer sordo y ciego, puesto que ya no pueden encarcelarlo por completo; el cuerpo que, en los trances, danzas o vociferaciones, en accesos de esperanza o desesperanza, se rebela, busca, como analfabeta, en cuál orilla está el destino de su mensaje de amor. "


Salvador Espriu (Catalunya, 1913-1985)

La pell de brau
" Diversos són els homes i diverses les parles,
i han convingut molts noms a un sol amor.

La vella i fràgil plata esdevé tarda
parada en la claror damunt els camps.
La terra, amb paranys de mil fines orelles,
ha captivat els ocells de les cançons de l'aire.

Sí, comprèn-la i fes-la teva, també,
des de les oliveres,
l'alta i senzilla veritat de la presa veu del vent:
Diverses són les parles i diversos els homes, i convindran molts noms a un sol amor.
(...)
No convé que diguem el nom
del qui ens pensa enllà de la nostra por.
Si topem a les palpentes
amb aquest estrany cec,
on sinó en el buit i en el no-res
fonamentarem la nostra vida?
Provarem d'alçar en la sorra
el palau perillós dels nostres somnis
i aprendrem aquesta lliçó humil
al llarg de tot el temps del cansament,
car sols així som lliures de combatre
per l'última victòria damunt l'esglai.
Escolta, Sepharad: els homes no poden ser
si no són lliures.
Que sàpiga Sepharad que no podrem mai ser
si no som lliures.
I cridi la veu de tot el poble: "Amén."
(...)
A vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l'aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l'ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat. "


Nikos Kazantzakis (Grecia, 1883-1957)

Zorba el griego (fragmento)
" Me encontré con él por prime
ra vez en el Pireo. Había bajado yo al puerto para embarcarme con destino a Creta. Era un amanecer luminoso. Soplaba fuertemente el Siroco: hasta el cafetín portuario llegaban las salpicaduras del oleaje. Las puertas vidrieras estaban cerradas, el local olía a emanaciones humanas y a infusión de salvia. Afuera hacía frío, el aliento empañaba los vidrios. Cinco o seis marineros, que habían estado en vela toda la noche, abrigados con blusas de piel de cabra bebían café o salvia y contemplaban el mar a través de los turbios cristales. Los peces, aturdidos por la violencia del oleaje, se habían refugiado en aguas tranquilas de las profundidades y esperaban que arriba renaciera la calma. Los pescadores aglomerados en los cafés aguardaban también que amainara la borrasca y que los peces, tranquilizados, asomaran a la superficie y mordieran los anzuelos. Los lenguados, racazos y rayas, regresaban de sus expediciones nocturnas. Amanecía. "


    Yasar Kemal (Turquía, 1923)

El Halcón (fragmento)
" Algunos años la primavera desciende bruscamente sobre Sukorova. De pronto las ramas quedan cubiertas de flores, y los pájaros, las abejas, los escarabajos y la hierba conquistan el mundo. Un sol templado invade la naturaleza. Lobos y aves, serpientes y hormigas, todas las criaturas salen de sus madrigueras. Sorprendidas y afanosas, recorren la blanda tierra inmersas en la alegría de encontrarse en un mundo nuevo, recién creado. Las blancas nubes que se alzan poco a poco en cúmulos sobre el mediterráneo se dirigen hacia las estribaciones del Taurus proyectando sobre el valle sombras oscuras. De repente, sin que se sepa de dónde vienen, se desatan las lluvias torrenciales. Los ríos se desbordan y las aguas fluyen hacia el mediterráneo a una velocidad de locura. A su paso siembran las tierras de arcilla ocre y tiñen de rojo las aguas azules. Entre los abruptos roquedales morados se abren las resplandecientes flores del azafrán, y las montañas se convierten en un inmenso jardín tranquilo de color amarillo intenso, arrullado por el olor de una y mil flores. En lo más hondo de la espesura suena, incesante, el canto del francolín. Cuando la primavera estalla tan de improviso, la gente del valle espera la aparición de las esbeltas gacelas color alheña. Antiguamente, con la llegada de la primavera, miles de gacelas procedentes del desierto invadían el valle. Extendiéndose como un incendio corrían en manadas desde Anavarza hasta la parte baja de Kozan, de allí a la llanura del Tarso, a las tierras de Yüregir y luego a Payas, a la parte baja de Osmaniye y a Dumlu. Y la gente de Sukorova ponía a prueba sus caballos persiguiéndolas: el primero en dar alcance a una gacela era el corcel más noble. Los caballos grises de Sukorova eran de una raza famosa desde tiempos de los asirios. "

Amin Maalouf (Libano, 1949)

León el africano (fragmento)
" A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios. Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano. Y tú permanecerás después de mí, hijo mío. Y guardarás mi recuerdo. Y leerás mis libros. Y entonces volverás a ver esta escena: tu padre, ataviado a la napolitana, en esta galera que lo devuelve a la costa africana, garrapateando como mercader que hace balance al final de un largo periplo. Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en el Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia. "


Naguib Mahfuz (Egipto, 1911)

El callejón de los milagros (fragmento)
" Muchos testimonios lo proclaman: el callejón de Midaq fue una de las joyas de otros tiempos y brilló con rutilante estrella en la historia de El Cairo. ¿A qué Cairo me refiero? ¿Al de los fatimíes, al de los mamelucos o al de los sultanes otomanos? La respuesta sólo la saben Dios y los arqueólogos. A nosotros nos basta con constatar que el callejón es una preciosa reliquia del pasado. ¿Cómo podría ser de otra manera con el hermoso empedrado que lleva directamente a la histórica calle Sanadiqiya? Además tiene el café que todos conocen como el café de Kirsha, con muros adornados de abigarrados arabescos. Todo esto con una antigüedad neta, en estado de ruina y decadencia, y con fuertes efluvios de medicinas y drogas de otras épocas, que al paso del tiempo se van sustituyendo por los del presente y los del futuro. "


Yannis Ritsos (Grecia, 1909-1990)

Grecidad, Capítulo I
" Estos árboles no transigen con tener menos cielo, estas piedras no transigen con los pasos enemigos, estos rostros no transigen más que con el sol, estos corazones no transigen más que con la justicia. Este paisaje es duro como el silencio, aprieta contra su seno sus piedras incandescentes, aprieta contra la luz sus olivos huérfanos y sus vides, aprieta los dientes, no hay agua, solamente luz. El camino se pierde entre la luz y la sombra del seto es hierro. Los árboles, los ríos y las voces se convirtieron en mármol bajo la cal del sol, con el mármol tropiezan las raíces, los arbustos polvorientos, la mula y la rosa, jadean, no hay agua, todos tienen sed, años enteros, todos mastican un bocado de cielo además de su amargura.


Joan Manuel Serrat (Barcelona, 1943)

Mediterráneo
Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa
y escondido tras las cañas duerme mi primer amor
llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya
y amontonado en tu arena guardo amor, fuego y penas.
Yo que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno
que han vertido en ti cien pueblos de Algeciras a Estambul
para que pintes de azul sus largas noches de invierno
a fuerza de desventuras tu alma es profunda y oscura.

A tus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino
soy cantor, soy embustero, me gusta el juego y el vino, tengo alma de marinero.
¡Qué le voy hacer! si yo nací en el Mediterráneo.
Nací en el Mediterráneo.
Y te acercas y te vas después de besar mi aldea
jugando con la marea te vas pensando en volver
eres como una mujer perfumadita de brea
que se añora y que se quiere, que se conoce y se teme.
¡Ay!, si un día para mi mal viene a buscarme la parca
empujad al mar mi barca con un levante otoñal
y dejad que el temporal desguace sus alas blancas
y a mi enterradme sin duelo entre la playa y el cielo.
En la ladera de un monte más alto que el horizonte quiero tener buena vista
mi cuerpo será camino, le daré verde a los pinos y amarillo a la genista.
Cerca del mar porque yo nací en el Mediterráneo.
Nací en el Mediterráneo.
Nací en el Mediterraneo


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